Cuando se nace mala, una no puede evitar ese picorcillo interior que le llama a morder pequeños perritos por la calle cuando sus dueños no le ven. Para un individuo realmente malo, no hay nada como huir de la escena tras cometer una de esas fechorías.

jueves 2 de octubre de 2008

¡Ooooh, me echan!

Mañana escribiré (si me apetece) desde el ordenador de mi casa, porque se me acaba hoy la sustitución y vuelve mi hermano a sentarse en este silloncillo, a teclear en este teclado, a ... Snif
En fin, el pobre lo llevará peor que yo porque será el primer día de trabajo después de nacer su niña, así que no me quejaré...

...

¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOO!!!... ¡NO PODÉIS HACERME ESTO!¡NO ME ECHÉIS, ME PORTARÉ BIEN, TRABAJARÉ MÁS! ¡AAAAAAAAAAAAAAHHH! ¡ME ESTÁ DANDO UNA TAQUICARDIA, UN MIASMA, UN CÁNCER DE PRÓSTATA UTERINAAAAA!!
¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!
(Maldita sea, Alba, cálmate - bofetada - ¡Estás haciendo el ridículo! -bofetada- ¡Y no te pegues más, que la gente del aula te está mirando!)

Bueno, tonterías aparte, un vídeo de despedida del trabajo:



Vaaalee, otro más. Pero sólo uno ¿eh?



Como siempre, gracias a Refor por los vídeos.
También os invito a que le echeis un ratito a la entrada de abajo

Por favor te lo pido, te lo pido por favor

Sé que esto requiere de una amplia lectura, pero creo sinceramente que merece la pena echarle un vistazo:
Ayer reproduje una entrada de una señora en un foro de informática aplicada a la educación. No sólo lo reproduje sino que le contesté esto:

Sé que llego tarde para esta discusión pero espero que la interesada lea este mensaje y se tome a bien lo que le comente, de la misma manera que ella espera se tomen a bien los demás sus comentarios.
Jamás en mi vida me he sentido discriminada porque se utilizara el masculino genérico delante mío, ni tampoco porque se pluralizara en masculino mi profesión o mi condición de ser humano. Prefiero economizar el lenguaje, que quiere que le diga.
Me ofenden discusiones como estas en las que se me involucra como mujer y se me introduce en un debate absurdo por el cual mi sexo se ve anulado por el uso del español. No, señora, no. El hecho de que yo sea mujer poco tiene que ver con una lengua que distingue entre sexos sólo cuando es imprescindible para la comprensión del mensaje. Me tengo en mucho más que eso, creo que mi valía como mujer es incuestionable aunque se me denomine en masculino dentro de frases como "el maestro hoy día tiene que tener en cuenta..." No creo que la cuestión tenga nada que ver con la otra que usted planteaba, acerca de la discriminación de la mujer en el manejo de las nuevas tecnologías, sinceramente encuentro que mezclar los dos temas es una estrategia demagógica y un ejercicio de perversión ideológica. Creo que los Derechos de la Mujer valen mucho más que toda esta pantomima que se ha montado en torno al uso del lenguaje. Hay otras batallas que ganar, y mientras hay personas que padecen sus secuelas, otra personas como usted discuten acerca del sexo de los ángeles. Me recuerda usted a esa escena de los Monty Python en "La vida de Brian", en la que un miembro del Frente Popular de Judea empieza un discurso que le interrumpen continuamente para introducir "el género":
-compañeros...
-Y compañeras
-Sí, y compañeras. Tenemos que luchar todos
- Y todas.
-Sí, y todas... ¿Por dónde iba?
Ya que se monta en este carro, mejor haría usted en comprarse uno nuevo, por ejemplo en el de la equiparación de sueldos o permisos por paternidad iguales al de la mujer.

Me parece un ridículo ejercicio reivindicativo el suyo, una pataleta dialéctica excesiva. Seguro, segurísimo que tiene usted cosas mejores de las que ocuparse.
Y la mujer me contestó esto:

Pues sí que tengo más cosas en las que ocuparme, y lo hago bastante bien (pero no se lo voy a contar a usted aquí), incluyendo otras cosas que resolver más o menos importantes que lo del lenguaje.
Yo también pensaba así, como usted, hace unos años, no muchos, dos o tres tal vez, y he ido evolucionando en ese aspecto y en otros y me siento mejor. Creo que tengo derecho, igual que lo tiene usted a quedarse donde está. Son opciones personales, no hay más vueltas que dar. Lo que sí es que en Andalucía, la ley me respalda de alguna forma, y por algo será.
Yo no me hago líos con el lenguaje como la gente de la película que tanto me gusta, debe ser que vivo en la realidad y además tengo la suficiente capacidad para poder llamar a las cosas por su nombre sin que me dé un vahído cuando lo hago.
Lo que sí es verdad que me pasa es que me cansa darle muchas vueltas a las cosas, así que no me voy a repetir. Cada quien elija su forma de vivir, que para eso es un lujo que algunas, muy pocas, podemos permitirnos.
Eso sí, yo no tengo pataletas (tengo criterio propio), ni soy ridícula (tengo cierta seguridad en mí misma y tengo poco miedo a decir lo que pienso-siento, aún a riesgo de equivocarme), ni espero que todo el mundo se tome a bien mis comentarios, menos aún cuando se refieren a algo tan difícil de erradicar como miles de años de lo mismo. Gracias a dios y a mis esfuerzos, ya no necesito ser agradable para que me quieran. No funciona.
De todas formas, gracias. Reflexionaré sobre su escrito, porque todos y todas tenemos siempre algo que enseñar y algo que aprender, especialmente cuando hay desencuentros.
Y ahora, voy a ocuparme de otras cosas, que a mí a obediente no hay quien me gane ;-)))
En fin, si mi amado lector (y lectora) ha leído con atención y antenciona (ah, no, me he liado otra vez...) habrá comprobado cómo mi venerada contrincante ha resuelto el planteamiento diciendo, muy amablemente, que se la refanfinfla lo que yo le diga y que no va a discutir más conmigo porque no le sale de su "género". Vamos, que se ríe de mí en toa mi cara.
PERO, lo mejorrrrr está por venir, damas y caballeros (en los espectáculos circenses estaban a años luz del resto de la Humanidad en lo que a la lucha de la mujer se refiere), ¡No se lo pierdan!
El caso es que ayer no leí todos los comentarios, torpe de mí, porque a continuación del mío hay uno de julio en el que un tal Andrés le responde lo siguiente (entre otras cosas):
2. Uso del masculino en referencia a seres de ambos sexos
2.1. En los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos: El hombre es el único animal racional; El gato es un buen animal de compañía. Consecuentemente, los nombres apelativos masculinos, cuando se emplean en plural, pueden incluir en su designación a seres de uno y otro sexo: Los hombres prehistóricos se vestían con pieles de animales; En mi barrio hay muchos gatos (de la referencia no quedan excluidas ni las mujeres prehistóricas ni las gatas). Así, con la expresión los alumnos podemos referirnos a un colectivo formado exclusivamente por alumnos varones, pero también a un colectivo mixto, formado por chicos y chicas. A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos: «Decidió luchar ella, y ayudar a sus compañeros y compañeras» (Excélsior [Méx.] 5.9.96). Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva; así pues, en el ejemplo citado pudo —y debió— decirse, simplemente, ayudar a sus compañeros. Solo cuando la oposición de sexos es un factor relevante en el contexto, es necesaria la presencia explícita de ambos géneros: La proporción de alumnos y alumnas en las aulas se ha ido invirtiendo progresivamente; En las actividades deportivas deberán participar por igual alumnos y alumnas. Por otra parte, el afán por evitar esa supuesta discriminación lingüística, unido al deseo de mitigar la pesadez en la expresión provocada por tales repeticiones, ha suscitado la creación de soluciones artificiosas que contravienen las normas de la gramática: las y los ciudadanos.
2.2. Para evitar las engorrosas repeticiones a que da lugar la reciente e innecesaria costumbre de hacer siempre explícita la alusión a los dos sexos (los niños y las niñas, los ciudadanos y ciudadanas, etc.; → 2.1), ha comenzado a usarse en carteles y circulares el símbolo de la arroba (@) como recurso gráfico para integrar en una sola palabra las formas masculina y femenina del sustantivo, ya que este signo parece incluir en su trazo las vocales a y o: l@s niñ@s. Debe tenerse en cuenta que la arroba no es un signo lingüístico y, por ello, su uso en estos casos es inadmisible desde el punto de vista normativo; a esto se añade la imposibilidad de aplicar esta fórmula integradora en muchos casos sin dar lugar a graves inconsistencias, como ocurre en Día del niñ@, donde la contracción del solo es válida para el masculino niño.
(...)
Sepan lo que la fémina replicó (entre otras cosas, también):

Yo era de las opositoras a cambiar el lenguaje cuando empezó esto de la Coeducación, la Igualdad, etc ( que no olvidemos beneficia tanto a hombres como mujeres, aunque ahora cueste trabajo verlo tal como es, apenas estamos en pañales y se vive como agresión, pero es justo lo contrario). A mí también me parecía tedioso, hasta que empecé a oír cómo aparecía yo en lo que se decía, en los textos... y empezó a gustarme y ahora no me cuesta tanto, y creo que es algo bueno para todos y todas. Es cuestión de tiempo que la palabra "miembra" esté en el DRAE, aunque yo no lo veré, ¿O es que el diccionario sigue siendo el mismo de hace 50 años? ¿escribimos igual que Cervantes? ¿Hablamos con los mismos términos? ¿No han aceptado montones de palabras nuevas porque llegan las TIC atropellando? ¿Por qué los términos informáticos sí y nosotras no? ¿Quién tiene miedo y de qué?

Yo no tengo miedo, no enarbolo banderas, intento tener paciencia, pero reclamo lo que es mío y de todas las que son mujeres como yo. Cuando se nos critica por todo esto, siempre se nos acaba llevando al terreno del que no nos quieren dejar salir y que aún se cree que es en el único sitio donde sabemos movernos con soltura: el hogar. Hogar que mejoraría mucho, igual bajaban los divorcios, si se eliminara el resentimiento oculto de tantas amas de casa que no están contentas con sus vidas. A las que lo estén, mi más sincera enhorabuena, pero yo quiero tener opciones varias, todas, como ellos. Sólo quiero tener la libertad de poder elegir. Sólo quiero respeto. Y también les quiero a ellos, a mis compañeros, hijos y amigos hombres, que tienen su propia lucha también.

En fin, que es difícil, pero no imposible.
Después de muuucho reflexionar creo que tiene razón: las amas de casa estarían mucho mejor si su fregona se llamara fregono porque así quedaría claro que un objeto que sirve para limpiar no tiene porqué ser femenino, ya que eso implica necesariamente que la mujer sólo sirve para las labores domésticas.
Igualmente he descubierto que le tengo miedo a esas abanderadas del lenguaje en femenino porque un mundo en el que se me incluya en el lenguaje hablado y escrito cambiará mi vida y la de otras mujeres con miedo, a nivel psicológico espiritual, laboral, me siento fina y segura...
Lo siento, ahora en serio, no puedo tomarme este asunto en ídem. Si somos sinceros todos y ponemos las cartas sobre la mesa, esta lucha corresponde solamente a estas mujeres de nivel medio alto cuya vida intelectual, laboral y económica está resuelta, y están muy lejos de la verdadera lucha por los derechos de la mujer. Sencillamente no les preocupa, les trae al fresco los problemas de la clase inferior (porque la verdadera batalla por ganar está ahí, y también en otros sectores ajenos a la individua de quien tratamos). Pero con esa fachada progresista y lamentable que les obliga a aparentar ser de izquierdas se buscan luchas alejadas de la realidad, tranquilizan sus conciencias con esas poses ridículas. Ridículo todo.
La razón por la que me cabrea tanto esta discusión es porque no estamos en lo que estamos: me parece bien que uno decida no mirar hacia ese lado, el de los derechos de la mujer que aún están por conquistar, pero reivindicar la lucha femenina pidiendo ese tipo de cosas es tan absurdo como pedir más vitamina C para África cuando lo que necesitan allí no es ni siquiera comida, sino gobiernos menos corruptos y países menos cabrones con la deuda externa, el saqueo de los recursos naturales, etc. Así de surrealista.
Esta señora está diciendo la soberana barbaridad de que los problemas de un ama de casa se resolverían con un cambio en el lenguaje a través del cual ella experimentaría un cambio psicológico que le haría ver lo triste que es su vida. Esa es la realidad señora, usted se cree mejor que un ama de casa. Usted es, como dice mi padre, una burguesita de clase alta de las antiguas que iban regalando mantas entre los pobres en invierno, una señorona de la Cruz Roja con sus mesitas, sus huchitas y sus meriendas. Usted no reivindica nada, lo que es usted es una redomada snob.
Y lo peor no es eso. Yo vivo en un municipio donde hablar con los cordobeses y cordobesas es mejor que construir viviendas de protección oficial (para el que no lo sepa, soy maestra con trabajos temporales, vivo con mi novio pagando un alquiler excesivo y cada vez que oposito son 200 euros de temario y 65 de inscripción, por no hablar de academias y preparadores: esa sí es mi lucha). Y en una comunidad en la que, como muy bien ha dicho la tipa, la ley me ampara en el uso del lenguaje, pero no me ampara en la reivindicación de plazas separadas entre nuevos aspirantes e interinos, porque no estamos en igualdad de condiciones. Y otras injusticias varias.
Esta Comunidad nuestra en la que el sentido común es algo de lo que se han olvidado, como también de que la evolución lógica de un idioma es la economía. Esta señora hubiera querido oír veinte horas de ponencias con tal de ver sus caprichos hechos realidad.
Pero eso tampoco es lo peor. Lo peor de todo es que esta profesora le está enseñando ahora mismo a sus alumnas y alumnos esta creencia suya, en una Comunidad Autónoma de progresistas como ella en la que, no a mucho tardar, la discriminada seré yo por enseñar a mis alumnos el uso correcto del género mixto.